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Investigación científica e investigación aplicada

23 julio, 2014

La distinción entre investigación científica e investigación aplicada ha sido objeto de discusión recientemente en foros electrónicos y otros. Esta distinción encierra una dicotomía conceptual cuya trayectoria puede ser trazada históricamente. Las implicaciones para la división de las áreas en saberes discplinarios son palpables en áreas tan mundanas como oportunidades de empleos y financiación de investigaciones. Tomando como base el artículo de Douglas Medin-http://www.psychologicalscience.org/index.php/publications/observer/2012/march-12/a-dangerous-dichotomy-basic-and-applied-research.html – el equipo de trabajo debe desarrollar una discusión sobre esta dicotomía y las controversias implicadas.

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9 comentarios leave one →
  1. 23 septiembre, 2014 10:18 am

    Si bien nos hemos topado con conceptos dicotómicos durante nuestros años de estudio, como aquellos que hacen referencia a lo norma-anormal, objetivo-subjetivo, no ha sido pura coincidencia. Y es que el surgimiento de nuestra disciplina responde desde el inicio a un debate hegemónico sobre la ciencia básica y la ciencia aplicada. Como propone la premisa arriba mencionada-asumir hoy la investigación teórica-experimental como propuestas excluyentes, además de ser un error básico-ya que mas que excluyentes se interpelan directamente-es dejar fuera de perspectiva un análisis histórico que explique el origen de la separación.

    En el siglo XVIII la empresa de la ilustración dio paso a considerar la ciencia como un instrumento idóneo para contestar preguntas y generar conocimiento sobre el mundo y ¿quiénes somos? Por una parte las interrogantes conceptuales que construyeron la disciplina psicológica fueron originalmente extrapolaciones de los problemas característicos de otros campos de estudio, configurando así el carácter predominantemente teórico-académico.

    Sobre la vertiente aplicada para el siglo XIX la ciencia evoluciona hacia una propuesta práctica en consonancia con el surgimiento de las industrias y el positivismo. El objetivo de la ciencia es redirigido hacia el progreso, la tecnología y el bienestar del ser humano. La dirección de este objetivo era de erradicación de lo mítico y las desigualdades. La psicología por una parte utiliza la base teórica para sustentar las prácticas clínicas e intervenciones y por otro responde ante las necesidades sociales específicas en áreas como educación y salud, que al inicio se concretarían como la medición de las diferencias e inteligencia.

    Pero, más allá de una propuesta histórica que apoye o explique la dicotomía de los términos, podríamos asegurar que la producción científica de hoy, puede valorarse desde la categoría de utilidad. ¿Cuál es la ciencia útil?, es solo aquella que aporta vías de solución a los problemas contemporáneos. Me pregunto si, esa utilidad solo va dirigida a unos pocos, aquellos que se encuentran dentro de las fronteras geográficas que demarcan una nacionalidad por ejemplo la problemática que surge en los países subdesarrollados para adquirir los medicamentos para tratar enfermedades como el VIH/SIDA. (Remitirse a: http://bvs.sld.cu/revistas/mgi/vol20_4_04/mgi08404.htm)

    Otra mirada reflexiva podría llevarnos hacia el subsuelo de esta problemática, nosotros. A que le dedicamos nuestra atención, esfuerzos, trabajo y dedicación. Reflexionado sobre este particular me topé con este vídeo colocado en el muro de FB de nuestro compañero Armando, de inmediato pude relacionarlo con el tema que nos ocupa aquí. Remite a la misma problemática pero desde otro campo “las artes” que para muchos es visualizada de un modo particular y cito de un comentario de la web y utilizado en el vídeo.

    “Las investigaciones médicas aumentan la esperanza de vida (medible). Nuevos métodos en ingeniería reducen los costes, distancia, tiempo (medible). La I+D incrementa el PIB y el empleo (medible).Que un chiflado pinte cuatro rayas en un cuadro o que un chiflado componga un paso doble, no aporta nada de forma objetiva o medible. El mundo va a seguir igual sin su aportación.”

    VER VIDEO http://latrastiendacesfelipesegundo.wordpress.com/2014/09/03/dicen-que-somos-unos-muertos-de-hambre/

    El proyecto científico, la objetividad y la utilidad la llevamos arraigados a nuestras existencias, que hoy se ven arropadas por la utilidad y el beneficio. Mas lejos de pensar la ciencia básica o aplicada como una problemática teórica, la cual dejamos olvidada después de un café, les invito a pensarla como una problemática individual que remite a un impacto social de cualquier nivel.
    ¿Para qué queremos investigar?
    ¿A quiénes podemos impactar?
    ¿Y qué podemos cambiar?

  2. 30 noviembre, 2014 8:12 pm

    La distinción inicial sobre los tipos de investigación que hace el autor (aplicada, científica e inspirada en el uso) abre, a mi modo de ver, una alternativa de análisis para estas cuestiones. De entrada, me atrevo a señalar un asunto político que encuentra raíz y fuerza en el valor que tiene el quehacer investigativo. Si nos mantenemos en la dicotomía, aplicada versus científica, tal y como se suele reproducir en los pasillos de las escuelas de psicología, es posible apreciar dos agendas aparentemente preocupantes. La investigación aplicada, por un lado, encuentra financiación, validación y uso principalmente en la empresa privada; mientras que la investigación científica aporta al engrosamiento y fortalecimiento de creencias, teorías y bibliografía que sirven mayormente para el mantenimiento y justificación de la existencia de la disciplina dentro de un “status quo”. Ambas parecen responder, fundamental e ideológicamente, a distintos intereses, pero considero que en el fondo comparten una incesante influencia mutua.

    Para mi explicación partiré de la tercera versión, la investigación inspirada en el uso. ¿Acaso no se diseñan investigaciones aplicadas fundamentadas en resultados o elaboraciones derivadas de investigaciones científicas, y viceversa? Tomaré como ejemplo una propuesta de investigación presentada por un candidato doctoral del Programa Graduado de Psicología de la Universidad de Puerto Rico. Él denominó su investigación como un pseudo-experimento. Se trataba de un diseño con un gran componente teórico y, a su vez, una empresa experimental compleja y extensa. Al llegar el momento de preguntas y comentarios estábamos asombrados. La articulación que había logrado el candidato doctoral en su diseño de investigación era en sí misma una aportación a la disciplina, pues integró de forma casi artesanal elementos que a primera vista parecerían incompatibles.

    Las preocupaciones de los allí presentes giraron, sobre todo, en torno a la aplicación del método experimental. La mayoría de las preguntas estuvieron dirigidas a asuntos de logística y a detalles técnicos de la tecnología que utilizaría. Casi al final de la sección de preguntas me lancé a formular una cuestión: ¿Cuán presente tenía el investigador el manejo de los sujetos de investigación para la efectiva aplicación de su técnica? ¿Acaso no se puede pensar en la aplicación de un método, o de una técnica, como la parte aplicada de una investigación científica? El objetivo fundamental de la propuesta de investigación mencionada era utilizar una tecnología para ser utilizada en sujetos con adicción a sustancias. La postura ideológica del investigador volvía innecesaria la dicotomía aplicada versus científica para explicar lo que estaba proponiendo.

    Contrario a lo que dice el autor, no creo que se deba superar, o que la psicología deba curarse de ese supuesto mal dicotómico. Lo que considero es que debe abrirse la discusión para que incluso se generen líneas investigativas en esa dirección. Seguir enfatizando esas diferencias dicotómicas mediante prácticas académicas y análisis de moral no permite que se revele lo que para mí está en el meollo del asunto: no existe una diferencia radical e irreparable. Lo que existe son pugnas ideológicas necesarias e inevitables en el ejercicio de la investigación psicológica por un lado, y por el otro, corrientes del mercado y la economía política que trascienden el quehacer académico al tiempo que lo determinan. Con lo cual, frente a la pregunta inocentona del autor sobre qué tal si acordamos dejar las connotaciones peyorativas del término investigación aplicada, mi reacción es que abandone la búsqueda de consenso y se aventure a interrogar cuidadosamente los trabajos de sus colegas.

  3. 4 febrero, 2015 4:08 am

    En mi opinión, la distinción entre investigación aplicada e investigación científica como categorías mutuamente exclusivas es una más de las disputas innecesarias que nos encontramos en el ambiente académico. Percibo más como un continuo esta diferencia, en lugar de dos categorías mutuamente excluyentes. Encuentro esta visión dicotómica como una innecesaria que trae como problema la desvalorización de una sobre la otra, quitándole o disminuyendo la importancia de su “contraparte”. Se trata simplemente de diferentes tipos de investigaciones que remiten a diferentes tipos de preguntas. Definitivamente, este debate tiene repercusiones en la disciplina. Estas repercusiones, como mencionadas en la premisa y lectura, se ven en el prestigio y oportunidades, de un profesional o un conocimiento sobre otro. Además, el establecimiento de investigaciones se ven afectados por este debate y las agendas detrás de quienes tienen el poder económico para financiarlas. Además, esta asignación de fondos depende de la definición de utilidad que se utilice para su selección.
    Aprovecho para comentar la entrada de la compañera María Elena: diría que sí, que se mide el valor de un proyecto científico con la utilidad, algo que no veo como negativo necesariamente. Sin embargo hay que preguntarnos, reflexionar y tomar en consideración cómo se define la utilidad, por quién es definida, ante quién se expresa la utilidad, que agenda o para que agenda funciona la utilidad del proyecto, entre otras preguntas. No veo como problema que valoremos el trabajo por su utilidad, sino que el problema está en lo que se vea como útil y la razón. Es muy diferente, y debemos profundizar sobre ello, establecer para qué se va a usar un proyecto investigativo que analizar para qué se puede utilizar el conocimiento adquirido. O sea, no solamente debemos medir la importancia de una investigación por lo que se va a hacer con ella, sino que, como disciplina, debemos profundizar sobre lo que podemos hacer (otras investigaciones, aplicaciones, intervenciones, programas, teorías, etc.) con el conocimiento adquirido ya sea a través de una investigación puramente aplicada, puramente científica o una ubicada en alguna parte del continuo entre estas.
    En lugar de establecer jerarquía entre una categoría y otra, la academia se debe enfocar en conocer cada una y cómo hay o puede haber retroalimentación entre éstas. La discusión o debate se debería enfocar en el propósito y utilidad de la misma. Ambas modalidades proveen beneficios y conocimientos a la disciplina y estos pueden alimentarse mutuamente para crear un conocimiento mayor o mayores opciones de investigación. Concuerdo con el comentario del compañero Armando cuando menciona que se pueden diseñar investigaciones científicas fundamentadas en resultados de investigaciones aplicadas y viceversa. Coincido con el autor, por lo tanto difiero del compañero Armando, en que este debate dicotómico es innecesario y debe echarse a un lado. Más que preocuparnos sobre que categoría de la dicotomía es mejor o más útil, debemos preguntarnos a quién, para quién y cómo responde esa investigación y cuál es su utilidad para la disciplina y las posibilidades para profundizar sobre ese conocimiento o crear conocimiento nuevo a raíz del mismo, independientemente de la categoría o categorías a las que pertenece.

    • 7 febrero, 2015 9:36 pm

      ¡Hola Ethel! Leí tu comentario y me llamó la atención el final. Creo que Armando quizo decir exactamente lo que dices al final, que hay que velar por quiénes responden a esas investigaciones, la utilidad, las posibilidades de crear conocimiento, entre otras. Como menciona Armando, el “meollo del asunto” es lo que está detrás de todo eso (aquello que mencionas en tu última oración). A la definición de un concepto le cabe todo lo que le pongamos. Creo que esa dicotomía y su debate se pueden rescatar por medio del diálogo y así lograr quitarle toda connotación negativa que Douglas Medin dijo que tiene.

  4. 7 febrero, 2015 9:19 pm

    Como se menciona en el artículo, dicotomías como la de la investigación básica-Investigación aplicada son peligrosas. María menciona que la existencia de esa y otras dicotomías no han llegado a nuestro(s) mundo(s) por coincidencia. Armando y Ethel hablan de las agendas- tal vez políticas, sociales, culturales- o intereses alrededor de dichas dicotomías. ¿Qué tienen en común? ¡Historia!

    La dicotomía ‘investigación básica-investigación aplicada’ tiene una historia, un punto de partida en la historia de la raza humana. Como dice Douglas Medin, esto significa que ha llegado repleta de valores culturales. María ya mencionó cómo esto involucra el movimiento de la Ilustración, el surgimiento de las industrias, el positivismo, entre otros. Además, hizo hincapié a la importancia de la ‘utilidad’ para la comunidad científica. Utilidad es definida como “Provecho, conveniencia, interés o fruto que se saca de algo” por la Real Academia Española (http://lema.rae.es/drae/?val=utilidad). Todo esto me obliga a preguntarme: ¿quién le saca provecho?, ¿a quiénes le interesa ese fruto?, ¿cómo se definen el provecho y los intereses?, ¿ese fruto le conviene a todos?, entre otras preguntas. En definitiva, todo esto concierne a distintos valores culturales en la medida en que la diversidad ofrece distintas definiciones de frutos o intereses.

    En el curso de Perspectivas Múltiples en la Investigación tuvimos la oportunidad de hablar sobre la relación entre todo lo que concierne al concepto de ciencia y distintas ideologías intra e inter-culturales. El ejemplo fue el de Alemania en tiempos de los Nazis. Ya todos sabemos que en aquella época se llevaron a cabo muchísimos experimentos que hoy en día se consideran como faltas éticas. Para ellos no se trataban de faltas éticas. Se pretendía mejorar la raza humana por medio de esos experimentos. No estoy diciendo que apoyo en lo absoluto sus medios o sus ideologías, sino que el asunto atiende precisamente al tema de la diversidad en ideologías, intereses y valores culturales.

    La dicotomía entre ciencia básica y ciencia aplicada, entonces, tiene un origen y ese origen depende de intereses, ideologías y valores diversos. ¿Cuál es el problema? ¿Por qué las dicotomías pueden llegar a ser peligrosas? Medin menciona que la división se presta para crear estereotipos y bordes que limitan la búsqueda de conocimiento. Puedo ver esto ocurrir, y probablemente lleva siglos ocurriendo. Sin embargo, como mismo ocurre de esa manera, de igual forma existen alternativas. William James le llamaba “la voluntad de creer”. Con esto quiero decir que la dicotomía no necesariamente es innecesaria, problemática o peligrosa. Todo depende de la actitud con la que uno se acerque. Puedo seguir la división dicotómica tradicional entre ciencia básica y ciencia aplicada; puedo llamarles “los básicos” a unos, y “los aplicados a otros”; puedo pensar que los aplicados tienen más para aportar a la sociedad y al progreso porque brindan conocimiento y prácticas útiles. Sin embargo, también podría pensar que la misma dicotomía meramente crea una división práctica, pero que a la hora de la verdad todos aportan su granito de arena en la llamada búsqueda del conocimiento; también puedo pensar que la comunidad científica puede llegar a promover el respeto a la diversidad y llegar a consensos sobre asuntos de “utilidad”; entre otros asuntos. En fin, la existencia de la dicotomía en sí no es peligrosa, sino qué hacemos con ella una vez sepamos de su existencia. Creamos estos conceptos y esto nos hace responsables de la vida que cobren. Partiendo desde una perspectiva construccionista, pienso que los conceptos generan realidades y de eso no me cabe duda. Creo que por medio del diálogo, cierta sensibilidad y el respeto hacia los demás, podemos crear realidades en la que todos nos podamos encontrar en un punto medio. ¿Será “bueno” eso?

  5. 27 abril, 2015 4:01 pm

    Este artículo por Douglas L. Medin, sugiere, por su título, la peligrosidad que acompaña la dicotomía entre la investigación básica y la investigación aplicada. Como señala la compañera Ethel, mucha veces “la visión dicotómica puede traer como problemas la desvalorización de una sobre la otra”. Esto no quiere decir, sin embargo, que tenemos que ver lo dicotómico como algo negativo. La dicotomía sí es negativa cuando ésta se utiliza para, como establece Ethel, desvalorizar o para crear algún sentido jerárquico entre ellas, pero no es negativa cuando la dicotomía plantea de primer plano que existen unas diferencias claras entre los enfoques investigativos al punto de colocar ambas posturas en puntos distantes. Cuando definimos lo que es la investigación básica y la investigación aplicada podemos ver claramente que estas diferencias son reales.

    La investigación básica tiene la finalidad de formular nuevas teorías o modificar teorías existentes a través del descubrimiento de generalizaciones y principios. De esta manera, ésta busca incrementar los conocimientos científicos o filosóficos. La investigación básica es sólo conocimiento. La investigación aplicada, por su parte, utiliza los conocimientos adquiridos y los aplica a una situación con el fin de confrontar la teoría con la realidad. La investigación aplicada está diseñada para resolver problemas prácticos de nuestro mundo moderno y no sólo adquirir conocimiento. La meta de la investigación aplicada es mejorar la condición humanidad, mientras que la investigación básica se basa en un interés por una pregunta científica y su motivación es expandir el conocimiento humano.

    Bajo estas definiciones, es evidente establecer que los enfoques de ambas son diferentes. No obstante, Medin apunta que las categorías básicas y aplicadas son incompletas, ya que, por sí mismos, no capturan la historia causal entre investigación básica y aplicada. Ciertamente, existen unas limitaciones en ambas posturas que pueden ser resueltas y complementadas cuando trabajamos tomando en cuenta los enfoques de la investigación básica y aplicada. No obstante, cabe señalar que ambas posturas tienen su función por sí solas. Estoy en total acuerdo con Armando, “no creo que se deba superar, o que la psicología deba curarse de ese supuesto mal dicotómico”. El campo de la ciencia se enriquece con los aportes que brinda tanto la psicología básica como la psicología aplicada por sí solas. Y como establece Julián, “a la hora de la verdad todos aportan su granito de arena en la llamada búsqueda del conocimiento”.

    Habiendo resaltado la importancia de ambos enfoques, es también igual de importante que estos puedan trabajar en colaboración. Ya que, como señala Medin, cuando ignoramos uno de los lados, podríamos también estar ignorando una rica fuente de ideas y desafíos teóricos. Con las complejidades del mundo actual, es necesario atacar los fenómenos que nos asaltan desde un marco o lente más amplio. Esto no sólo sugiere una colaboración más estrecha entre la investigación básica y la investigación aplicada, sino también una colaboración transdisciplinaria. Según Kurt Lewin, “muchos psicólogos que trabajan en un campo aplicado son muy conscientes de la necesidad de una estrecha cooperación entre la psicología teórica y aplicada. Esto se puede lograr en la psicología, ya que se ha logrado en la física, si el teórico no mira hacia los problemas aplicados con aversión intelectual o con el miedo a los problemas sociales y si el psicólogo aplicada se da cuenta de que no hay nada tan práctico como una buena teoría”.

  6. 30 abril, 2015 10:47 am

    A través de lo años de estudio en esta disciplina nos hemos topado con un sin número de categorías que son mutuamente excluyentes y no porque en esencia lo sean, si no que han pasado a serlo por distintas razones, ya sea por debates ideológicos, como respuesta a distintos acontecimientos históricos o simplemente posicionamientos que hemos asumido. Dentro del campo de la psicología nos enfrentamos a diferentes categorías excluyentes como: básica-aplicada, académica-profesional, cognitivo-conductual, individual-grupal, sujeto-objeto, normal-anormal, entre otros, que de primera instancia dieran la impresión de que son conceptos o ideas que no pueden converger entre sí. No obstante, es importante reconocer que hay una línea fina que puede unir lo que precisamente intentamos separar.
    Por otra parte, como bien mencionan algunos de los compañeros, la dicotomía en sí no debería tener una connotación negativa, siempre y cuando podamos reconocer el por qué de la misma y cómo se dio el origen de estos debates. Sin duda, esto nos permitiría acudir a la historia, contextualizar y poner en perspectiva a qué responden cada una de las categorías.
    En cuanto a lo que es la investigación básica versus la investigación aplicada podríamos decir que en efecto se ha visto un debate sobre lo que ambas disciplinas representan, por lo que se han intentado entender como procesos dicotómicos. De acuerdo con Douglas Medin, la psicología básica es aquella que se ocupa en generar nuevas teorías. Mientras que la investigación aplicada, de acuerdo a un artículos de Arias, Fernández y Perona, es aquella en la que los esfuerzos van dirigidos a solucionar problemas específicos que surgen ante demandas sociales concretas, sin ocuparse específicamente de los aspectos teóricos.
    Sin embargo, a mi entender y concuerdo con algunos compañeros, ambas ramas de la investigación contribuyen grandemente a nuestra disciplina y a nuestro que hacer como profesionales. No debemos obviar el hecho de que una necesita de la otra, en tanto y en cuanto, la teoría toma sentido precisamente en la práctica y la práctica se nutre de la teoría, de conocimientos previos, de un andar por los campos del saber de la psicología. Entonces más allá de reconocer ambas categorías como excluyentes, entiendo que debemos movernos a una psicología más abarcadora.

    Les dejo el link del artículo: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=80532202

  7. 30 abril, 2015 1:51 pm

    La investigación científica pura tiene como finalidad ampliar y profundizar el conocimiento de la realidad. Busca el conocimiento por el conocimiento mismo, más allá de sus posibles aplicaciones prácticas. Su objetivo consiste en ampliar y profundizar en el saber de la realidad y en tanto este saber que se pretende construir es un saber científico, su propósito será el de obtener generalizaciones cada vez mayores (hipótesis, leyes, teorías). Mientras que la investigación científica aplicada se propone transformar el conocimiento ‘puro’ en conocimiento útil. Tiene por finalidad la búsqueda y consolidación del saber y la aplicación de los conocimientos para el enriquecimiento del acervo cultural y científico, así como la producción de tecnología al servicio del desarrollo integral de las naciones.
    En el artículo se abordan los conceptos investigación científica aplicada y la investigación científica desde sus pros y contras y utilidad. Lo cual me recuerda el debate que remite a lo orígenes mismos de la psicología, donde su base y fundamento siguen siendo cuestionada hasta el día de hoy dependiendo del posicionamiento del individuo. Como hemos visto a través de la historia de la piscología y las distintas vertientes que existen más allá de una mirada descartar la otra en ocasiones estás han de complementarse y creo que el debate que se nos trae hoy día funciona en igual manera.
    La manera en que se ha de dirigir una investigación va depender de la finalidad de lo que estudie ese investigador. Los métodos que llevan a conceptuar ideas generales son necesarias porque más adelante son llevados a través de otra metodología a lo particular. Más allá de enfrascarnos en debates circulares creo que debemos hacer el ejercicio al cuan invita la compañera Marielena en su comentario. Hay que evaluar que se quiere estudiar y a donde se pretende llegar con esta información.

  8. 1 mayo, 2015 12:19 pm

    Upon reading the Douglas L. Medin article, I felt slightly annoyed with his tone of voice. I found myself taking notes but eliminating the hidden sentiments behind his word, in order to be able to understand the argument unbiasedly. As my colleague Ethel Rios mentioned above, along with others, the conclusion is that this is an unnecessary debate. It appears that the sciences and academia are too busy fighting about the superficialities of who came first and who is right or better, before they even begin to address the errors currently being associated with both fields.

    Medin comes off as a bit defensive in his article, although he is trying to project a sarcastic and matter-of-fact tone, I picked up on his feelings of wanting to validate the field of applied science. He used phrases like “fascinating research puzzle” and “rich” and implied meanings like being complex in values, reliable, and tolerant, and noted how applied sciences’ purpose is also to meet national needs through academic means. These are all great features worthy of recognition, however as Medin is building up the applied sciences, at the very same time he is indirectly taking jabs at basic researchers. Making mockery that basic science believes it’s discipline is pure, acknowledging the field’s direction to go from “theory to practice” but also reminding them that, “Hey, you rely on us, applied research is your backbone”, and various other comments, which may very well be the case, but the approach is, quite frankly, petty.

    “The categories, basic and applied, are incomplete because individually, they do not capture the causal history between basic and applied research.” In this statement Medin is offering to walk basic researchers down memory lane, understandable so, in order to highlight the foundational efforts of applied researchers assistance in advancing the basic research field.

    There needs to be an open conversation, conscious to the fact that basic research and applied research lean on each other and obviously are two disciplines that need on another. I say this simply based off of the point Medin made on how “experimental design has been gradually compromised by overlooking minor details”, and how these issues had not been previously addressed or forethought by the theoretical literature. So, what is apparent to me is that there needs to be a reminder, not of each fields individual duties (the dichotomy), but on how those duties function within a continuum. It isn’t a question of which discipline has to change or yield but more about basic researchers keeping the communication lines open on what is lacking or progressing in the experimental field so that applied researchers can be able to specifically address academia to update the literature and offer solutions. Lastly, the discussion and research on culture needs to be amplified for frequent use in basic research.

    In all, I understand the need for applied sciences to validate their field, given how the government treats them, but we should take note that oftentimes the government does not reflect the people’s opinion the people usually fall in line and reflect their government. This means that the more the fields support each other, even on grant writing levels, it will force the perspective that there is no complete progression in basic research without the support of applied research.

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