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¿Qué ventajas y desventajas provee la entrevista online en contraste con la entrevista cara a cara?

23 febrero, 2014

Odette Hofmann, Javet Rivera, Laura Cañuelas, Gretchen Carrasquillo, Agnes M. Torres, Marla Rodríguez, Yamil del Pilar

En las investigaciones cualitativas que hacen uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC), se hace relevante el debate de si es viable realizar investigación en persona (cara a cara) o en línea (interacción mediada por computadoras). Por ejemplo, en el campo del mercadeo, a menudo se hacen estudios (en su mayoría encuestas) por medio del internet. Estos estudios tienden a ser dirigidos a la recolección de la mayor cantidad de datos posibles. Y los mismos muestran varias ventajas, una de ellas es que el participante tenga tiempo adicional para contestar las preguntas, y que éste las pueda contestar desde un ambiente cómodo. Además, se pueden responder a preguntas tanto individuales como grupales. Igualmente, en los espacios virtuales se pueden añadir fotos o delegar tareas específicas acerca del tema. Y además se puede ampliar la muestra y tener  acceso a una población variada y voluntaria en varios puntos geográficos. Adicional a estas ventajas, el no tener que recurrir a largas horas de trabajo transcribiendo, ya que se tiene acceso a la transcripción tan pronto culmina el dialogo, resulta particularmente beneficioso.

Entre algunas de las desventajas de la investigación online se encuentran el que los estudios pueden resultar costosos y laboriosos, en donde puede que se pierda la oportunidad de aclarar algunas dudas que le surjan al investigador y que adicional a lo anterior se pueden perder respuestas espontáneas. Por otro lado, los estudios que se realizan en persona se consideran de gran importancia ya que en éstos se pueden observar las expresiones faciales y el lenguaje corporal de los participantes.

En definitiva, los estudios en línea han disfrutado cierto apogeo debido a las ventajas que muestran en el recogido de datos. Pero al momento de hacer investigación cualitativa, cuál funciona mejor y en cuales contextos. ¿Cuáles son sus ventajas y desventajas?

Referencias

Crandall, B. (2007). A New Debate: Online Qualitative Research by Bruce Crandall. A New Debate: Online Qualitative Research by Bruce Crandall. Recuperado el 4 de febrero de 2014, de http://www.decisionanalyst.com/publ_art/anewdebate.dai

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Sobre la observación o entrevista no informada (covert methods) en la investigación social

30 mayo, 2011

Por: Laura L. Ortiz Negrón

La observación o entrevista no informada es aquella que se realiza sin que el investigador(a) le informe al participante potencial sobre su estudio y sin que le solicite su consentimiento formalmente. Aún cuando, los procesos de formalización del conocimiento moderno y los denominados “protocolos éticos” de la investigación supondrían el entierro de lo “informal” o “faltas de rigor”, lo cierto es que se reconocen unos problemas en la legalización y formalización del conocimiento que contradictoriamente frenan sus posibilidades de producción. Desde esta perspectiva, se han reconocido unos méritos en la observación o entrevista no informada, los cuales han sido ejes de debates y disputas.

En este contexto, la ética, política y epistemología aparecen como una triangulación “enfrentada” en el creciente debate sobre la observación y la entrevista no informada en el campo de la investigación social. De un lado, tenemos el derecho de los participantes a su privacidad, bienestar y seguridad en una investigación. El investigador(a) debe garantizar estos derechos a los participantes sobre cualquier otro asunto. Y ello es plausible y digno. Pero aún así, quedan interrogantes sobre el asunto de los derechos cuando el propio Estado, cuerpos jurídicos y sectores civiles no defienden los derechos absolutos, sino que los emplazan. ¿Hasta qué punto este ámbito, los derechos de los participantes y el investigador(a), debe ser un asunto de acuerdo mutuo? A otro nivel, habría qué preguntarse sobre el papel y uso de la información en la investigación como “derecho contextual”. Un “derecho contextual” es aquel que toma en consideración los intereses y necesidades de las partes como una relación social solidaria y digna (R. Leckey, 2008). De otro lado, tenemos la observación y la entrevista no informada, cuya naturalidad en el comportamiento del observado y la conversación prolífica en un ambiente cómodo y natural, hace que se plasmen como las condiciones objetivas (no interferencias) y productivas (información valiosa) para la investigación. La combinación entre un ambiente natural y la dinámica espontánea hacen del trabajo de campo uno muy efectivo. Aunque los críticos afirman que la efectividad comprende, además, la comunicación clara a los participantes sobre los objetivos de la investigación. También, tenemos un investigador(a) que busca generar una empatía con el participante potencial para que los datos que ofrezca sean de calidad para su estudio. No obstante, la realidad es que muchas veces se pone en riesgo la empatía y la eficacia investigativa en el momento que el investigador(a) le comunica al observado el protocolo ético de la investigación. La información brindada al participante sobre posibles incomodidades, riesgos y procedimiento de querellas debido a su participación en el estudio -lo cual representa sus derechos- ya ponen en juego el “rapport” establecido y pone en entredicho la propia intención de la investigación. Es decir, parte del protocolo ético-legal traiciona la investigación. En este sentido, la política del investigador es dual y a veces muy compleja; defender los derechos del participante y lograr su investigación. Esta dualidad de principios no siempre acontece a favor de la investigación. ¿Es posible encontrar un término que favorezca lo ético unido a la eficacia en la investigación?

Algunos investigadores han planteado que hay investigaciones cuyos temas y participantes son muy sensitivos y por tal razón el protocolo de investigación puede resultar contraproducente. El crimen, las gangas y el narco son algunos ejemplos de temas o grupos sensitivos. Es decir, en la medida que son grupos y dinámicas fuera de la “ley”, el obtener información de ellos es casi imposible. Bajo estas condiciones la aplicación del protocolo ético-legalista de la investigación podría abortar la propia investigación.

Otros investigadores con experiencia etnográfica argumentan que las posibles ansiedades o incomodidades que emergen del proceso de investigación son complejos. Como parte del proceso de interacción humana entre el investigador(a), temas a tratar y los participantes, por ejemplo, el hecho de hablar, significar, recordar y relatar sobre una experiencia en particular puede estar acompañado de ansiedad, vergüenza, tristeza, coraje o alivio. Lo ético en el investigador(a) bajo este tipo de situación es de comunicarle al entrevistado(a) su comprensión y asumir cierta sensibilidad ante su posible silencio, coraje o llanto. Pero el investigador(a) no puede convertirse en terapista o trabajador social, sólo debe comunicar lo ético ante una situación sensitiva. Comunicar su comprensión al participante, hacer pausas o continuar con otro tema también son estrategias recomendables. En este sentido, las intenciones del investigador(a) no necesariamente se vinculan a las posibles ansiedades o daños a los participantes. No obstante, las consecuencias no intencionadas no bastarían para no asumir esta problemática. Habría que gestar posibilidades concertadas y dignas en la esfera de la investigación de campo. Otro asunto que habría que analizar y distinguir es el tipo de daños al cual podrían estar expuestos los participantes en una investigación. Las posibilidades de muerte o de ansiedad se equiparan en el protocolo de investigación con sujetos humanos. Incluso, se ha argumentado de una “sobresensibilidad” en dicho protocolo y cuyo resultado ha sido limitar el conocimiento de los diversos mundos sociales ya que el participante se limita en su hablar y conversar (research habitus). El daño que puede provenir de una investigación médica experimental no es el mismo daño que puede provenir de una investigación etnográfica. La cualificación de daños se hace meritoria para un protocolo ético más contextual.

A la luz de estos debates, algunos investigadores han recomendado asumir una ética situada (D. Calvey, 2008) en la cual los participantes no son “sujetos” en sus formas de exclusión e inclusión en la investigación (P. Spicker, unpeopled ethnography). En este sentido, se produce una crítica a los procesos de exclusión en situaciones donde el participante restringe su relato dado el protocolo expuesto. También se trae una crítica a la práctica de focalizar el análisis investigativo en la narrativa y la interacción con el participante. Se propone una lectura más integral del mundo social, en el cual el participante es sólo una pieza de las relaciones. Otro punto que se ha debatido es que las prácticas contingentes y mediadas que se generan en el trabajo de campo no necesariamente son de riesgo o peligro, por lo que se debe reflexionar sobre los diversos contextos de investigación y el discurso legalista de derechos y riesgos. Adjunto algunas referencias sobre estos debates.

Bok, Sisella. Lying: Moral Choice in Public and Private Life. New York: Random House. 1978.

Bulmer, Michael. (ed.) Social Research Ethics: An Examination of the Merits of Covert Participant Observation. MacMillan, 1982.

Calvey, David. The Art and Politics of Covert Research Doing `Situated Ethics’ in the Field. Sociology, 42 (5): 905-918. October 2008.

Dinzin, Norman. On the Ethics of Disguised Observation. Social Problems, 15: 502-504. 1968.

Dingwall, Robert. Ethics and Ethnography.The Sociological Review, 28: 871-891. 1980.

Duster, Troy, et al. Fieldwork and the Protection of Human Subjects. The American Sociologist, 14: 136-I 42. 1979.

Fassim, Didier. The End of Ethnography as Collateral Damage of Ethical Regulation? American Ethnologist, 33, (4): 522-524. 2006.

Festinger, Leo. When Prophecy Fails. Minneapolis: University of Minnesota Press. 1956.

Galliher, John F. The Protection of Human Subjects: A Reexamination of the Professional Code of Ethics. The American Sociologist, 8: 93-100. 1973.

Holdaway, Simon. An Inside Job: A Case Study of Covert Research on the Police. En Bulmer, M. ed. Social Research Ethics, Basingstoke: Macmillan. 1982.

Hitbert, Richard A. Covert Participant Observation: On Its Nature and Practice. Urban Life, 9: 51-76. 1980.

Holdaway, Simon. The Ethics of Covert Methods. British Journal of Sociology, 31: 46-59. 1980.

Hurdley, Rachel. Ethical Covert Research. Sociology, 45: 118-133. February 2011.

Leckey, R. 2008. Contextual Subjects: Family, State and Relational Theory. Toronto, Buffalo & London: University of Toronto Press.

McKenzie
, John S. ‘You Don’t Know How Lucky You Are to Be Here!’: Reflections on Covert Practices in an Overt Participant Observation Study. Sociological Research Online, 14(2)8. En http://www.socresonline.org.uk/14/2/8.html. 2009.

Murphy, Elizabeth y Robert Dingwall. The Ethics of Ethnography. En Atkinson, Paul, et.al. eds. Handbook of Ethnography. London: Sage. 339-351. 2001.

Polsky, Ned. Hustlers, Beats and Others. Harmondsworth: Penguin. 1969.

Redlich, Frederick. Ethical Aspects of Clinical Observation of Behaviour. Journal of Nervous and Mental Disease, 157: 313-319. 1973.

Rosenhan, D.L. On Being Sane in Insane Places. Science, 179: 350-358. 1973.

Roth, Julius. Comments on ‘Secret Observation’. Social Problems, 9: 283-284. 1962.

Spicker, Paul. In the Picture or Off the Wall? Ethical Regulation, Research Habitus, and Unpeopled Ethnography. Qualitative Inquiry, 16: 517-528. July 2010.

Wickramasinghe, 
Nilmini. Ethical Ethnography as an Appropriate Research Methodology for ANT. International Journal Of Networking And Virtual Organisations. 6 (1): 36. En http://dx.doi.org/10.1504/IJNVO.2009.022482. 2009.

¿Análisis de contenido o análisis de discurso?

4 febrero, 2011

Sabemos que a través del uso del lenguaje generamos visiones de lo que es nuestro contexto social, lo que somos cada uno de nosotros en situaciones concretas y nuestra relación con los demás. La centralidad de las formas discursivas forma parte central en estudios sobre la vida cotidiana y la formación de subjetividad, áreas que han adquirido mucha atención en Psicología Social y que también son áreas que interpelan otras disciplinas, especialmente en otras disciplinas de las Ciencias  Sociales, así como en Comunicación y Educación, entre otras.  En el caso de la Psicología Social podemos decir que hay un cierto  acuerdo de que el llamado “giro discursivo” se genera en la disciplina a partir de la década del ochenta. Sin embargo, es también un hecho conocido que desde un enfoque socio-psicológico no existe una posición única con respecto a cómo abordar el tema del análisis del discurso en la investigación. Antaki, Ch. et. als. (2003) en el ensayo, El Análisis de discurso implica analizar: Crítica de seis atajos analíticos, mencionan varias perspectivas: el análisis conversacional, el llamado análisis crítico del discurso, aquellos análisis que se ubican más desde una perspectiva postestructuralista con influencia de los trabajos de Michel Foucault y análisis de discursos con interés específico en identificar estructuras ideológicas por lo general con una clara influencia de la perspectiva marxista. Cada perspectiva teórica supone ciertas divergencias con respecto a los supuestos teóricos, estilos de trabajo  y objetivos de la investigación. Sin entrar en esta complejidad, mi interés en este comentario se centra en tratar de dilucidar algunas diferencias entre el análisis discursivo  y  el  análisis de contenido. Esta faena parecería sencilla, sin embargo,  mi sospecha es que  a través de la discusión en este blog, constataremos todo lo contrario. Para despegar tal discusión propongo los siguientes puntos de  anclaje: diferencias en cuanto a base teórica, objetivos y estrategias de análisis.

A nivel teórico podríamos decir que el análisis de contenido parte de la premisa de que se puede generar un metatexto a partir del ejercicio interpretativo. Para generar el metatexto el  o la investigadora debe justificar teóricamente su selección a la par que establece claramente cuáles son las reglas que sigue para establecer por ejemplo, sus categorías, subcategorías y las relaciones entre ellas. En  otras palabras, el metatexto es necesario para establecer las conclusiones, propuestas de modelos explicativos, diagramas de flujos causales, etc.

Si tomamos por ejemplo el  Método Interactivo Cíclico, (MIC) de Glaser y Strauss (1967) este ejercicio supone por lo menos cuatro procesos básicos.  En primer lugar, se construye un modelo inicial que es producto de la revisión de literatura relevante y de la experiencia del investigador o investigadora con el objeto de estudio. En segundo lugar, se genera un modelo intermedio a partir de la interpretación de los datos empíricos. Aunque por lo general estos datos son extraídos de entrevistas o documentos escritos, también pueden proceder de textos visuales o imágenes, así como gestos y otros comportamientos. En tercer lugar, se genera un modelo final que resulta del contraste o comparación ente el modelo inicial y el intermedio. Finalmente, se producen las conclusiones que pueden asumir formas de diagramas, discusiones a fondo y nuevas propuestas teóricas sobre el tema bajo estudio. En este proceso  el objetivo último será llegar a esta última fase donde a través de la contrastación se podrían generar nuevas proposiciones. Las estrategias para el manejo de datos, por ejemplo, van desde la preparación de resúmenes, la identificación de repeticiones de categorías y subcategorías y el establecimiento de relaciones entre éstas, así como generar formas de visualización de estas relaciones. Por tal razón la utilización de softwares de análisis cualitativos tienen mucha utilidad como herramientas para agilizar y potencial estas estrategias y formas de visualización de resultados.

En contraste, el análisis discursivo de entrada supone un cierto posicionamiento desde la semiótica. A pesar de los múltiples matices conceptuales de diversas definiciones de este términos, podemos partir de que la semiótica  es sobretodo una práctica analítica que interesa ver las formas de producción y circulación de los signos en su sentido amplio (tanto en textos escritos o verbales como con imágenes visuales). Su objetivo fundamental es pues, desentrañar, los mecanismos de las formas de significación social y cultural. Otro aspecto importante a considerar sería que ciertos modelos de análisis discursivo – por ejemplo, el análisis de los repertorios interpretativos de Potter y Wetherell (1996)– ponen el énfasis sobre la identificación de formas de variación en lugar de reproducción de patrones o repetición.  De forma similar, otros trabajos han apuntado sobre la necesidad de asumir la “multivocalidad” del lenguaje en lugar de identificar procesos o temas de orden psicológico en los textos. Andréu (2001) hace un recuento de algunos de estos estudios, entre ellos menciona el análisis de White P. K. de 1947 sobre la novela autobiográfica de Black Boy de Richard Wright o las investigaciones encaminadas a identificar estructuras de personalidad como en el caso de los trabajos de Allport  de 1946.

En cuanto a las estrategias de análisis de discurso tenemos una gama bastante amplia de posibilidades, estrategias que no son mutuamente excluyentes, como: análisis de figuras retóricas, análisis de estructuras narrativas, donde se estudia por ejemplo, el análisis de los tiempos verbales, modalidades de la expresión, análisis de la utilización de pronombres índices y anafóricos, etc., las formas de intertextualidad, entre otras.  Como fase previa al análisis discursivo varios autores han señalado la importancia de hacer análisis histórico sobre los vínculos entre las formas discursivas bajo estudio y determinadas formas de relaciones sociales.

La vinculación del análisis discursivo con las relaciones sociales particulares es especialmente relevante para lo que se ha llamado el análisis discursivo crítico. Este análisis está especialmente interesado en develar cómo se generan formas de dominación y/o resistencia a la dominación en contextos específicos. Se parte de la premisa de que los discursos son prácticas que generan realidades sociales. Esto no quiere decir, sin embargo, que un análisis de contenido no pueda igualmente tener y atender preocupaciones políticas. De hecho, Van Dijk (2001) ha señalado  que a menudo investigaciones en el campo de los medios de comunicación han utilizando análisis de contenido tradicional para demostrar que se reproducen imágenes estereotipadas, sexistas o racistas en textos, ilustraciones y fotos y cómo éstas se traducen en prácticas sociales de exclusión. Desde un punto de vista, pragmático podríamos decir que igualmente se puede combinar análisis de contenido y análisis discursivo. Las consideraciones de diferencias filosóficas o epistemológicas que sirven de base a estos dos métodos (análisis de contenido y de discurso) sin embargo, requerirían mayor discusión.

Heidi J. Figueroa Sarriera
Programa Graduado de Psicología- UPR-RRP

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